De la vida petrificada
Para E. Z. C.
Retumba la música abajo; suena lejana, llena de ecos, de mensajes; el ritmo me arrastra en un torbellino de sensaciones y resbalo por el ojo del huracán hacia el fondo, negro, palpitante, indefinible y mientras caigo, o asciendo a esa otro dimensión, al son del ritmo martilleante, pienso en mi vida que también ha sido absorbida por un torbellino dejándome llena de tormentos, de pequeñas frustraciones cual naipes ya idos acumulados en una torre de babel petrificando mi existencia en un muro de hormigón insondable de acero gris y frío, un muro de vacío, mucho vacío...
Y mientras el ritmo me enloquece yo bebo de la copa de vino dejandome llevar, por las burbujas, por la música, sueño, recuerdo y añoro más de veinte años atrás cuando paseaba con una amiga en la vereda del parque y en el paso atravesado y medio muerto de barro y piedras yerto un pajarillo caído y su imagen de alas rotas y su pico entreabierto en un halo de agonía pareció mirarme y en sus negras pupilas el dolor la impotencia la vida que no te pertenece...
Y mientras escucho la música, cuesta abajo por el ojo del huracán, la imagen del pajarillo parece el reflejo de mi propia alma en este espejo pardo que ahora me rodea, mi vida parece pertenecer a toda la mecánica del sistema menos a mi misma y pienso, cayendo absorta por el torbellino, impulsada por el alcohol que bulle en mis venas, sueño en una aventura y un príncipe azul, de la pasión cual depredador atrapa a su presa que entre fornidos brazos un alma llena de curiosidad, de vitalidad y de riesgo, devuelva a mi propia alma el sentido que lleva perdido el príncipe azul, sin rostro ni nombre, que me de fuerzas para romper el muro y retorcer el acero, que me libre del mundanal ruido, que me impulse lejos y me libre del huracán del torbellino de sentimientos que me arranca de mis entrañas el dolor, las risas, el brillo de las pupilas y la chispa de mis ilusiones...
Que beba de mis labios como yo bebo ahora del cáliz de vino que embriaga mi mente, soñando, bebiendo, gritando...
Quizás si grito muy fuerte hacia mis adentros, tan fuerte como para romper mi pecho, y aprieto los ojos hasta la saciedad consiga ver mi mundo interior puede entonces que irradie tanta energía que me transforme en estrella y en el firmamento alguien contemple la supernova y acuda en mi ayuda...
Puede ser... Cualquier cosa para escapar de esta vida petrificada, de los barrotes de carne y hueso de mi cuerpo donde mi corazón agoniza, de este mundo sistemático que siento que no me pertenece.
Puede ser... ojalá caiga dentro del huracán y llegue al fondo de una vez.
Sevilla,
3 de Noviembre de 2005
Retumba la música abajo; suena lejana, llena de ecos, de mensajes; el ritmo me arrastra en un torbellino de sensaciones y resbalo por el ojo del huracán hacia el fondo, negro, palpitante, indefinible y mientras caigo, o asciendo a esa otro dimensión, al son del ritmo martilleante, pienso en mi vida que también ha sido absorbida por un torbellino dejándome llena de tormentos, de pequeñas frustraciones cual naipes ya idos acumulados en una torre de babel petrificando mi existencia en un muro de hormigón insondable de acero gris y frío, un muro de vacío, mucho vacío...
Y mientras el ritmo me enloquece yo bebo de la copa de vino dejandome llevar, por las burbujas, por la música, sueño, recuerdo y añoro más de veinte años atrás cuando paseaba con una amiga en la vereda del parque y en el paso atravesado y medio muerto de barro y piedras yerto un pajarillo caído y su imagen de alas rotas y su pico entreabierto en un halo de agonía pareció mirarme y en sus negras pupilas el dolor la impotencia la vida que no te pertenece...
Y mientras escucho la música, cuesta abajo por el ojo del huracán, la imagen del pajarillo parece el reflejo de mi propia alma en este espejo pardo que ahora me rodea, mi vida parece pertenecer a toda la mecánica del sistema menos a mi misma y pienso, cayendo absorta por el torbellino, impulsada por el alcohol que bulle en mis venas, sueño en una aventura y un príncipe azul, de la pasión cual depredador atrapa a su presa que entre fornidos brazos un alma llena de curiosidad, de vitalidad y de riesgo, devuelva a mi propia alma el sentido que lleva perdido el príncipe azul, sin rostro ni nombre, que me de fuerzas para romper el muro y retorcer el acero, que me libre del mundanal ruido, que me impulse lejos y me libre del huracán del torbellino de sentimientos que me arranca de mis entrañas el dolor, las risas, el brillo de las pupilas y la chispa de mis ilusiones...
Que beba de mis labios como yo bebo ahora del cáliz de vino que embriaga mi mente, soñando, bebiendo, gritando...
Quizás si grito muy fuerte hacia mis adentros, tan fuerte como para romper mi pecho, y aprieto los ojos hasta la saciedad consiga ver mi mundo interior puede entonces que irradie tanta energía que me transforme en estrella y en el firmamento alguien contemple la supernova y acuda en mi ayuda...
Puede ser... Cualquier cosa para escapar de esta vida petrificada, de los barrotes de carne y hueso de mi cuerpo donde mi corazón agoniza, de este mundo sistemático que siento que no me pertenece.
Puede ser... ojalá caiga dentro del huracán y llegue al fondo de una vez.
Sevilla,
3 de Noviembre de 2005


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