10 abril 2006

Vuelas en la playa

Volar... Cerrar los ojos mientras suena cada vez más fuerte esa canción que te eriza el vello de los brazos.. saber que el amor recorre tus venas inyectando tu cuerpo de vida... y volver a abrir los ojos para descubrir los halos solares irradiando belleza sobre la piel de tu amigo, de tu amante, de tu compañero... en el mar, tumbado en la arena, haciendo la sombra con el reverso de tu mano derecha, retumbando el batir de las olas en el silencio roto de la playa casi virgen, alli desnuda en la arena fina y ardiente y rojiza, revolcándote hacia las conchas enterradas en la orilla, sin ver a nadie, sin escuchar a nadie, y sólo en tu cabeza esa canción favorita, ese sol lleno de amor y esas olas etéreas, dejándote llevar, como en la cuna del orgasmo de una noche desatada, saboreando las últimas vibraciones y reminiscencias de ese acto de sexo sin control, de ese chico que conociste por la noche, en el pub de moda con la canción del verano y las copas de befeeter con limón agolpándose en tu estómago, camino del cual avanzaba el hormigueo que se originaba en la entepierna al verlo, al ver a ese adonis del underground contemporáneo, vestido de negro y el pelo engominado, ojos marrones cremosos y tez aceitunada, fijarle la mirada, pestañear, sonrojarse y devorarle con el deseo de la imaginación, para acercarte a él, sonreirle, rozarte el cuello y percibir la fragancia de Boss mezclada con el dulzor de su piel, en el verano, en la noche, y en un impulso sin freno abrazarlo, entre la muchedumbre, y sentir de repente su corazón tn cerca del tuyo, casi si saber por qué, amarlo, amarlo hasta la médula con todos los órganos de tu cuerpo y, en el arrebato de tu frenesí, arrastrarlo fuera del local, lejos de la calle impreganada de fiesta, casi corriendo como colegiales por las calles ebrias de tanta marcha y juventud, callejeando sin perder la sonrisa hasta llegar a la playa, en la noche, bajo las falsas estrellas que dejaron de existir hace millones de años, y, en la arena que se había tornado gris oscuro, poseerlo, en su totalidad, con la resonancia de las discotecas a lo lejos y el mar como único testigo, dejándote llevar por el erotismo que exhuma su cuerpo perfectamente contorneado y así, enredados tu boca en sus cabellos y sus manos en tu cintura, pasar la noche y despertar, bajo el sol impenitente, en la fresca mañana, con rumor de la ciudad en su amanecer plagado de coches y transeúntes, girar, de nuevo la arena marrón, rojiza, y en tu mano su mano, y a la sombra del reverso de tu brazo derecho, encuentras su mirada interceptando la tuya, en ese mágico momento, y sientes que vuelas... y que cierras los ojos para escuchar tu canción favorita en ese instante perfecto.