De la ausencia de uno mismo
No sabes el miedo que causa encontrar lo que llevamos toda la vida buscando. Es el miedo no al objetivo en si mismo, sino al final de una búsqueda, el cese de un placer indecible del proceso de examinación, de pistas, de descubrimientos de cada parte de uno mismo...
No sabes el miedo que causa llegar al último día y apostar toda una vida de búsqueda a una sola carta, un sólo y último hallazgo que definirá el resto de nuestros días. Albaht es la búsqueda que cada ser humano realiza en su vida. Y cada búsqueda es una historia personal. Algunos buscan el verdadero amor. Otros bucan el significado de su existencia. También hay búsquedas de si mismo dentro de nosotros mismos en el eterno laberinto de la espina espiritual. Y las búsquedas de la espiral tecnológica... La felicidad es el final común de todas las búsquedas, aunque no es felicidad jamás lo que se halla al final. Sólo existe un tipo de felicidad que es la que se produce durante el proceso mismo del experimento antropológico de recorrer nuestras veredas interiores.
Albaht es pues la búsqueda innominada cuyo final es alcanzar la nitidez mental para captar la presencia de un enigma aún mucho mayor. Y en cada final nos percatamos de repente de una gran ausencia en toda nuestra historia personal: la ausencia de uno mismo. Cuando creemos haber hallado la clave, haber desmenuzado nuestros instintos y prever nuestras reacciones... entonces se nos presenta ante nuestros ojos una montaña que nunca antes habíamos visto: quizá porque estábamos demasiado cerca de ella, quizás porque era tan grande que sólo intuíamos su sombra. Y esa montaña nos hace sentir tan pequeños que en un instante tomamos conciencia de la insignificancia de nuestra propia vida. Es entonces cuando se genera el sentimiendo de ausencia y, en un mecanismo sistemático y matematicamente calculado, el ciclo de reinicia, la historia vuelve a empezar y comprendemos que el horizonte aún está muy lejos, así que optamos por seguir recorriendo otras nuevas veredas que se crean en nuestra alma.
La ausencia de uno mismo es la chispa que enciende el motor de la inquietud. Cuando no sabemos si estamos o cúando estamos, se desinhibe nuestra mente y empezamos a buscar... Eso es Albaht.
Aïssa López
7 de Febrero de 2006
No sabes el miedo que causa llegar al último día y apostar toda una vida de búsqueda a una sola carta, un sólo y último hallazgo que definirá el resto de nuestros días. Albaht es la búsqueda que cada ser humano realiza en su vida. Y cada búsqueda es una historia personal. Algunos buscan el verdadero amor. Otros bucan el significado de su existencia. También hay búsquedas de si mismo dentro de nosotros mismos en el eterno laberinto de la espina espiritual. Y las búsquedas de la espiral tecnológica... La felicidad es el final común de todas las búsquedas, aunque no es felicidad jamás lo que se halla al final. Sólo existe un tipo de felicidad que es la que se produce durante el proceso mismo del experimento antropológico de recorrer nuestras veredas interiores.
Albaht es pues la búsqueda innominada cuyo final es alcanzar la nitidez mental para captar la presencia de un enigma aún mucho mayor. Y en cada final nos percatamos de repente de una gran ausencia en toda nuestra historia personal: la ausencia de uno mismo. Cuando creemos haber hallado la clave, haber desmenuzado nuestros instintos y prever nuestras reacciones... entonces se nos presenta ante nuestros ojos una montaña que nunca antes habíamos visto: quizá porque estábamos demasiado cerca de ella, quizás porque era tan grande que sólo intuíamos su sombra. Y esa montaña nos hace sentir tan pequeños que en un instante tomamos conciencia de la insignificancia de nuestra propia vida. Es entonces cuando se genera el sentimiendo de ausencia y, en un mecanismo sistemático y matematicamente calculado, el ciclo de reinicia, la historia vuelve a empezar y comprendemos que el horizonte aún está muy lejos, así que optamos por seguir recorriendo otras nuevas veredas que se crean en nuestra alma.
La ausencia de uno mismo es la chispa que enciende el motor de la inquietud. Cuando no sabemos si estamos o cúando estamos, se desinhibe nuestra mente y empezamos a buscar... Eso es Albaht.
Aïssa López
7 de Febrero de 2006


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