01 mayo 2006

El vagabundo

Los pajarillos desde las copas de los árboles ven caer una carta al suelo; confundida entre las hojas secas del otoño, alguien la ha dejado caer como una pluma.

Más adelante no hay nadie; incluso atrás o en el horizonte no se ve nada.

Bajo una espesa capa roja camina, con un lento arrastrar de pies, tumefactos y rotos, suspirando sin nostalgia alguna por las horas muertas que se han ido, olvidando a cada paso aquella o esta otra vida que le aportara menos sufrimiento.

Los últimos reflejos que se esconden bajo esa capa son los de una piel arrugada sobre finos huesos, los de unasbarbas de canas erizadas, los de unos ojos cansados que se apagan...

Regresa a la ciudad para ser humillado por los hombres, tras haber conversado serenamente con los árboles...

Más arriba de las copas de los árboles, donde los pajarillos observan ya cómo se guarda las últimas limosnas. mucho más arriba aún, donde los sonidos y los olores se deshacen entre las frías nubes invernales, del vagabundo sólo se encuentra un diminuto punto rojo.

Y un poco más arriba aún, más allá de los cielos, ni siquiera se recuerda.


Aïssa López
Sevilla, 1994