11 abril 2006

La mascara biologica

Para d.

¿Recuerdas por qué te fuiste? ¿Por qué huiste de todo cuanto te rodeaba para crear un nuevo mundo? Preferiste olvidarlo, pero las ratas nunca se extinguen y los sótanos de la memoria están plagados de esos terribles roedores... Y por muy inaccesibles que parezcan esos zulos de la mente, los tentáculos políticos consiguen penetrarlos; se propagan como un virus infeccioso carcomiendo todas las vastas raíces de la sociedad y volviendo bello lo que en verdad ha sido siempre y sigue siendo horrible.
Te fuiste buscando el imperio de las verdades y las cosas auténticas y pensando que el tiempo haría mejor una sociedad podrida por la incompresión. Aunque en verdad la vida actual no es mejor que la que se podía disfrutar hace unos años, tan sólo tenemos esa falsa percepción porque los diseñadores conseguimos modelarlo todo, incluida la propia sociedad.
Te fuiste para suturar las bocas de tus heridas, cuyo dolor te pareció placer durante una epoca. Te fuiste pensando que cuanto más conocías esta sociedad forjada en la hipocresía y el plástico más te gustaba volver la cabeza y mirar hacia tu interior, donde un universo de diminutos tesoros creativos recreaban un paraje intangible pero auténtico.
Huiste hacia el continente universal donde convergen las culturas y las religiones, con el firme propósito de instaurar el maravilloso tesoro que portaban tus entrañas, de hacerlo público, de compartirlo y que otras vidas se unieran a tu espacio emocional.
Corrías como un animalillo desprotegido en la tempestad nocturna, bajo el dedo acusador de la ignorancia personificada en verdugos alados que hacían suya la noche y tu propia vida, y pensando que cualquier vertiente de tu vida que intentaras desarrollar te convertiria en un ser más y más extraño y negativo.
Y en la huida, dejaste atrás aquellos que considerabas tus amigos y que en verdad sólo habían sido engendros de una generación de falsedades; individuos siniestros y grises que, ya despojados de sus insanas máscaras, dejaron entrever la putrefacción de sus complejos y miedos. No había amigos, sólo devoradores de la libertad individual... Como si esos tentáculos políticos hubieran penetrado en todos los ámbitos de tu vida y hubieran inyectado de corrupción moral aquello que parecía límpido y hermoso.
La noche se extendía como una mancha humana; tú corrías más veloz que nunca, apretando los ojos y notando cómo las lágrimas te arañaban las mejillas tras morder tus pupilas. Acelerabas los pasos camino de una encrucijada que te planteaba la validez de tu ser: huir y crear tu propio mundo o quedarte y dejar que te clasificaran como un perro: lavado de cerebro con número de serie incluido. Tal ves después de someterte a la conversión para ser un ciudadano ejemplar fueras capaz de omitir cada impulso que te hace humano; quizá llegaras al grado Premium en el que tu interfaz social se vistiera con la máscara de la tolerancia. Y quizás así, riendo en círculos de amigos enmascarados, fueras capaz también un día de rechazar a tu mejor amigo porque sus cánones vitales no se ajustan a la plantilla preestablecida por la cúpula gobernante y cuyas directrices te han instalado en el cerebro para ser un gran hipócrita con tal de aparentar tolerancia.
Te detienes, en el frío perpetuo de la noche, a los pies de ese indicador de madera colosal que representa la encrucijada de tu duda. Una flecha indica el camino hacia la maravillosa sociedad tolerante, y la otra conduce hacia un futuro incierto que te permita desarrollar tu interior y tus inquietudes con sinceridad. Con los ojos ensangretados de desengaño miras por un momento atrás, y silba en tu cabeza la posibilidad de una nueva oportunidad. Pero entonces lo ves claro: la tolerancia es sólo de boquilla, pero en el fondo, la gente ni comprende ni acepta tu naturaleza sexual, y lo que se define constantemente como tolerancia es en verdad un acto bondadoso de lástima por ti, como si fueras un ciudadano incompatible con la sociedad normal. Miras atrás a los pies de la encrucijada de la duda amaderada, y ves todo ese grupo de gente colocándose sus máscaras antes de salir de paseo o de juerga... máscaras que serán derruidas en cuanto el alcohol potencie el verdadero sentimiento que late bajo la falsedad de sus actos. Te das cuenta de que todos ellos son marionetas de la propaganda electoral que anuncia "igualdad" y que más que un paso a la aceptación es el seguimiento de una moda que, como todas, pasará.
Bajas la cabeza, escupes con ira todo aquello que te han inculcado y te ríes: eres tú quién siente pena y tristeza por toda esa pobreza interior que se camufla con los esqueléticos y envenenados antifaces. Miras hacia arriba, hacia el indicador de flechas de la encrucijada de la duda, y vuelves a reir: un nuevo mundo es posible. Respiras hondo y prosigues tu camino, pero sin correr ni dudar, sino con la cabeza alta y el paso firme, y desapareces al final del camino. A partir de este instante, el camino se irá haciendo con cada paso que des.


Aïssa López
11 de Abril de 2006

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Porque puedes entrar y ver en aquellos lugares del alma que a veces duelen, donde nadie o casi nadie quiere ni puede llegar...por cosas asi eres tan especial.

11 abril, 2006 20:00  

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