24 abril 2006

Y detener el tiempo

Para Maki.

No puedo detener el tiempo. No puedo mirar la carretera en la noche y desear que el coche nunca se detenga, que las ruedas sigan atravesando el asfalto através de grandes ciudades, pequeñas aldeas, cementerios, bosques, lagunas, montañas, precipicios, a través de la playa y más allá del horizonte, más allá de todo lo que conozco, hasta el lugar hacia donde vas. No puedo arrancarle las alas al tiempo cuando me miras y me sonries y descubro que algo de ti ha quedado en mi más allá del amor. No puedo vivir siempre en un momento, en un instante que parece perfecto, cuando respiramos las salinas de la caleta en esa calle vieja de Cádiz en la madrugada y te empeñas en compararnos con las bacterias en una revolucionara mezcla de obstinación y encanto jovial, cuando ríes y pasas tu mano por mi brazo en un gesto de cariño, de comprensión, de eterna devoción de amiga y de compañera genética...
Y si detuviera el tiempo cuando, encogidos y tiritando, paseábamos por las avenidas de la costa, con la fria brisa de una tormenta que se avecinaba helando nuestras palabras, bajo el falso brillo de un millar de estrellas prehistoricas, que acunaron nuestro reencuentro y sellaron un lazo entre el ayer, el hoy. Y en la diversidad de los poemas, sólo tú entenderás el significado de esta premisa de hermanos que se debate como un duelo de miradas y mensajes.
Y si detuviera el tiempo, para que no tuvieras que irte hacia otra ciudad y nuestros corazones enroscados se alcen para invocar al dios cronologico. Y si detuviera el viento para que no se lleve nuestras palabras. Y si detuviera la noche para que jamás amanezca el día que te marches hacia ese otro lugar. Y arder de envidia porque se acerca ese instante de decirnos adios. Envidia del otro lugar que espera recibirte. Y me das la mano: mi espiritu en tu cuerpo y tu energía en mi alma. Cierro los ojos e imagino que la noche es eterna para que, al menos en mi imaginación, nunca te vayas.

Aïssa López
Sevilla, 26 de abril de 2006

11 abril 2006

La mascara biologica

Para d.

¿Recuerdas por qué te fuiste? ¿Por qué huiste de todo cuanto te rodeaba para crear un nuevo mundo? Preferiste olvidarlo, pero las ratas nunca se extinguen y los sótanos de la memoria están plagados de esos terribles roedores... Y por muy inaccesibles que parezcan esos zulos de la mente, los tentáculos políticos consiguen penetrarlos; se propagan como un virus infeccioso carcomiendo todas las vastas raíces de la sociedad y volviendo bello lo que en verdad ha sido siempre y sigue siendo horrible.
Te fuiste buscando el imperio de las verdades y las cosas auténticas y pensando que el tiempo haría mejor una sociedad podrida por la incompresión. Aunque en verdad la vida actual no es mejor que la que se podía disfrutar hace unos años, tan sólo tenemos esa falsa percepción porque los diseñadores conseguimos modelarlo todo, incluida la propia sociedad.
Te fuiste para suturar las bocas de tus heridas, cuyo dolor te pareció placer durante una epoca. Te fuiste pensando que cuanto más conocías esta sociedad forjada en la hipocresía y el plástico más te gustaba volver la cabeza y mirar hacia tu interior, donde un universo de diminutos tesoros creativos recreaban un paraje intangible pero auténtico.
Huiste hacia el continente universal donde convergen las culturas y las religiones, con el firme propósito de instaurar el maravilloso tesoro que portaban tus entrañas, de hacerlo público, de compartirlo y que otras vidas se unieran a tu espacio emocional.
Corrías como un animalillo desprotegido en la tempestad nocturna, bajo el dedo acusador de la ignorancia personificada en verdugos alados que hacían suya la noche y tu propia vida, y pensando que cualquier vertiente de tu vida que intentaras desarrollar te convertiria en un ser más y más extraño y negativo.
Y en la huida, dejaste atrás aquellos que considerabas tus amigos y que en verdad sólo habían sido engendros de una generación de falsedades; individuos siniestros y grises que, ya despojados de sus insanas máscaras, dejaron entrever la putrefacción de sus complejos y miedos. No había amigos, sólo devoradores de la libertad individual... Como si esos tentáculos políticos hubieran penetrado en todos los ámbitos de tu vida y hubieran inyectado de corrupción moral aquello que parecía límpido y hermoso.
La noche se extendía como una mancha humana; tú corrías más veloz que nunca, apretando los ojos y notando cómo las lágrimas te arañaban las mejillas tras morder tus pupilas. Acelerabas los pasos camino de una encrucijada que te planteaba la validez de tu ser: huir y crear tu propio mundo o quedarte y dejar que te clasificaran como un perro: lavado de cerebro con número de serie incluido. Tal ves después de someterte a la conversión para ser un ciudadano ejemplar fueras capaz de omitir cada impulso que te hace humano; quizá llegaras al grado Premium en el que tu interfaz social se vistiera con la máscara de la tolerancia. Y quizás así, riendo en círculos de amigos enmascarados, fueras capaz también un día de rechazar a tu mejor amigo porque sus cánones vitales no se ajustan a la plantilla preestablecida por la cúpula gobernante y cuyas directrices te han instalado en el cerebro para ser un gran hipócrita con tal de aparentar tolerancia.
Te detienes, en el frío perpetuo de la noche, a los pies de ese indicador de madera colosal que representa la encrucijada de tu duda. Una flecha indica el camino hacia la maravillosa sociedad tolerante, y la otra conduce hacia un futuro incierto que te permita desarrollar tu interior y tus inquietudes con sinceridad. Con los ojos ensangretados de desengaño miras por un momento atrás, y silba en tu cabeza la posibilidad de una nueva oportunidad. Pero entonces lo ves claro: la tolerancia es sólo de boquilla, pero en el fondo, la gente ni comprende ni acepta tu naturaleza sexual, y lo que se define constantemente como tolerancia es en verdad un acto bondadoso de lástima por ti, como si fueras un ciudadano incompatible con la sociedad normal. Miras atrás a los pies de la encrucijada de la duda amaderada, y ves todo ese grupo de gente colocándose sus máscaras antes de salir de paseo o de juerga... máscaras que serán derruidas en cuanto el alcohol potencie el verdadero sentimiento que late bajo la falsedad de sus actos. Te das cuenta de que todos ellos son marionetas de la propaganda electoral que anuncia "igualdad" y que más que un paso a la aceptación es el seguimiento de una moda que, como todas, pasará.
Bajas la cabeza, escupes con ira todo aquello que te han inculcado y te ríes: eres tú quién siente pena y tristeza por toda esa pobreza interior que se camufla con los esqueléticos y envenenados antifaces. Miras hacia arriba, hacia el indicador de flechas de la encrucijada de la duda, y vuelves a reir: un nuevo mundo es posible. Respiras hondo y prosigues tu camino, pero sin correr ni dudar, sino con la cabeza alta y el paso firme, y desapareces al final del camino. A partir de este instante, el camino se irá haciendo con cada paso que des.


Aïssa López
11 de Abril de 2006

10 abril 2006

Vuelas en la playa

Volar... Cerrar los ojos mientras suena cada vez más fuerte esa canción que te eriza el vello de los brazos.. saber que el amor recorre tus venas inyectando tu cuerpo de vida... y volver a abrir los ojos para descubrir los halos solares irradiando belleza sobre la piel de tu amigo, de tu amante, de tu compañero... en el mar, tumbado en la arena, haciendo la sombra con el reverso de tu mano derecha, retumbando el batir de las olas en el silencio roto de la playa casi virgen, alli desnuda en la arena fina y ardiente y rojiza, revolcándote hacia las conchas enterradas en la orilla, sin ver a nadie, sin escuchar a nadie, y sólo en tu cabeza esa canción favorita, ese sol lleno de amor y esas olas etéreas, dejándote llevar, como en la cuna del orgasmo de una noche desatada, saboreando las últimas vibraciones y reminiscencias de ese acto de sexo sin control, de ese chico que conociste por la noche, en el pub de moda con la canción del verano y las copas de befeeter con limón agolpándose en tu estómago, camino del cual avanzaba el hormigueo que se originaba en la entepierna al verlo, al ver a ese adonis del underground contemporáneo, vestido de negro y el pelo engominado, ojos marrones cremosos y tez aceitunada, fijarle la mirada, pestañear, sonrojarse y devorarle con el deseo de la imaginación, para acercarte a él, sonreirle, rozarte el cuello y percibir la fragancia de Boss mezclada con el dulzor de su piel, en el verano, en la noche, y en un impulso sin freno abrazarlo, entre la muchedumbre, y sentir de repente su corazón tn cerca del tuyo, casi si saber por qué, amarlo, amarlo hasta la médula con todos los órganos de tu cuerpo y, en el arrebato de tu frenesí, arrastrarlo fuera del local, lejos de la calle impreganada de fiesta, casi corriendo como colegiales por las calles ebrias de tanta marcha y juventud, callejeando sin perder la sonrisa hasta llegar a la playa, en la noche, bajo las falsas estrellas que dejaron de existir hace millones de años, y, en la arena que se había tornado gris oscuro, poseerlo, en su totalidad, con la resonancia de las discotecas a lo lejos y el mar como único testigo, dejándote llevar por el erotismo que exhuma su cuerpo perfectamente contorneado y así, enredados tu boca en sus cabellos y sus manos en tu cintura, pasar la noche y despertar, bajo el sol impenitente, en la fresca mañana, con rumor de la ciudad en su amanecer plagado de coches y transeúntes, girar, de nuevo la arena marrón, rojiza, y en tu mano su mano, y a la sombra del reverso de tu brazo derecho, encuentras su mirada interceptando la tuya, en ese mágico momento, y sientes que vuelas... y que cierras los ojos para escuchar tu canción favorita en ese instante perfecto.

07 abril 2006

De la ausencia de uno mismo

No sabes el miedo que causa encontrar lo que llevamos toda la vida buscando. Es el miedo no al objetivo en si mismo, sino al final de una búsqueda, el cese de un placer indecible del proceso de examinación, de pistas, de descubrimientos de cada parte de uno mismo...
No sabes el miedo que causa llegar al último día y apostar toda una vida de búsqueda a una sola carta, un sólo y último hallazgo que definirá el resto de nuestros días. Albaht es la búsqueda que cada ser humano realiza en su vida. Y cada búsqueda es una historia personal. Algunos buscan el verdadero amor. Otros bucan el significado de su existencia. También hay búsquedas de si mismo dentro de nosotros mismos en el eterno laberinto de la espina espiritual. Y las búsquedas de la espiral tecnológica... La felicidad es el final común de todas las búsquedas, aunque no es felicidad jamás lo que se halla al final. Sólo existe un tipo de felicidad que es la que se produce durante el proceso mismo del experimento antropológico de recorrer nuestras veredas interiores.
Albaht es pues la búsqueda innominada cuyo final es alcanzar la nitidez mental para captar la presencia de un enigma aún mucho mayor. Y en cada final nos percatamos de repente de una gran ausencia en toda nuestra historia personal: la ausencia de uno mismo. Cuando creemos haber hallado la clave, haber desmenuzado nuestros instintos y prever nuestras reacciones... entonces se nos presenta ante nuestros ojos una montaña que nunca antes habíamos visto: quizá porque estábamos demasiado cerca de ella, quizás porque era tan grande que sólo intuíamos su sombra. Y esa montaña nos hace sentir tan pequeños que en un instante tomamos conciencia de la insignificancia de nuestra propia vida. Es entonces cuando se genera el sentimiendo de ausencia y, en un mecanismo sistemático y matematicamente calculado, el ciclo de reinicia, la historia vuelve a empezar y comprendemos que el horizonte aún está muy lejos, así que optamos por seguir recorriendo otras nuevas veredas que se crean en nuestra alma.
La ausencia de uno mismo es la chispa que enciende el motor de la inquietud. Cuando no sabemos si estamos o cúando estamos, se desinhibe nuestra mente y empezamos a buscar... Eso es Albaht.

Aïssa López
7 de Febrero de 2006

El error de existir

La vida, los seres vivos, las entidades vivas en el universo y una partícula viva. El mundo de células vivas que pueblan mi cuerpo y los microorganismos que llenan el aire entre tu parcela vital y la mia. Y toda esa enorme cantidad de vida existiendo. Cometimos el gravísimo error de existir en el mismo espacio y en el mismo período de tiempo. Y como seres humanos proseguimos en nuestro error: nos empeñamos por habitar el mismo núcleo de vida. Y si a la vida se le otorga el poder del amor entonces el error se hace mayor. Pero si además le asignamos la potencia de la pasión desatamos el crecimiento en una auténtica aberración de la existencia. Y si a esa aberración le aplicamos la distorsión propia de los fallos de nuestro propio núcleo vital, como la envidia, el odio, los celos y la ambición, entonces estaremos pues condenados a morir cual estrellas en el firmamento revientan por su propia condensación de energía. Es un error nuestra existencia. Porque la capacidad de daño en nuestras acciones crece exponencialmente y la cantidad de energía negativa emitida irradia nuevas partículas de destrucción. Existimos para destruir. Somos la unica especie viva que destruye todo aquello que ama. Porque cuando el amor se hace presente también el odio se genera en segundo plano. A más amamos más odiamos. A más nos sentimos vivos más pasión generamos y más destructiva se hace nuestra existencia. ¿Qué somos? ¿Qué hay de maravilloso en todo esto si el existir lleva implícito el requisito de la muerte y la degradación?

Aïssa López
Abril de 2006

El Vacio Interior

-¿Buscas algo?
-Lo que busco no se encuentra.
-¿Y qué es eso que buscas y nunca encuentras?
-...Algo bonito. Pero seguramente no me entenderás. Busco una caricia, un beso, una mirada.
-Claro que te entiendo, porque yo soy un romántico como tú. No soy uno de esos plumíferos del ambiente, que van sobrevolando los cuerpos apretados mirando con la boca hecha agua los paquetes ceñidos y los traseros provocadores, cual víbora en alas de un buitre acecha su presa.
-Busco la ilusión, sentir la alegría, poder soñar sin cadenas.
-Te puedo comprender como si tu voz al hablar fuera el eco de mi propio yo. Padeces una sensación, muy profunda, de soledad. La soledad, como la oscuridad, puede manifestarse de múltiples formas, y en su malévola germinación te carcome el alma, hundiéndote en el desasosiego. Te sientes solo. Y cuando sales a la calle, caminas a veces como sonámbulo porlas calles infestadas de gente. aunque tengas mil amigos, aunque tus familiares estén a tu alrededor en cada momento, el vacío que se engendra en tí va más allá de todo eso, vuela lejos de todos ellos, es una fuerza superior que te posee y te hace sentir un ser menor. Y aunque te cuesta tanto definir en qué consiste esa carencia, sabes cuál es el antídoto. Y deambulas por la calle, abandonado del mundo, miras a la gente atravesando sus ojos, todo te parece tan banal que la sociedad entera, en su agonizante rutina diaria, se te antoja un monstruo de fauces abiertas y lobunas.
-...Más o menos..
-No sabes qué es lo que buscas, quizás sentirte acogido y alejado de todo al mismo tiempo. Buscas alguien, más allá de la belleza de sus labios suntuosos y del movimiento de sus caderas joviales; alguien que te sostenga y te abrace y te suspenda sobre la muchedumbre y te eleve a otro estado de tu ser. Da igual un beso, ua mirada, una caicia, te basta con saber que esa persona especial está ahí y llena ese vacío, y te sostiene en cada segundo pase o que pase, para que no tengas miedo a tropezar y caerte, porque sientes miedo a derrumbarte, por eso huyes de la ilusió y de la fuerza de la alegría, demasiado miedo circunda tu alma, miedo a embriagarte con la esencia del amor si no es verdadero, miedo a entregarte in escudos ni reservas y que de repente te abandones, y entonces te ves cayendo sin salvavidas, rumbo a ese descampado pardo en el que te convertirás, pobre criatura desvaída, en la presa de esos buitres carroñeros...
-...Más o menos...
-Te gustaría poder abrir los ojos por la mañana y setir esa seguridad sólida y absoluta de que alguien, más allá o más acá, está ahí. Esa ternura indescriptible por la que sientes unos dedos que recorren tu nuca y te acarician el pelo, con la garantía de un amigo y el deseo de un amante, con el amor de un ser bonito que se entrega a ti como tú estás deseando entregarte a él. Te entiendo, claro que te entiendo. Toda mi vida he padecido ese desgarrador mordisco de la soledad, del vacío interior. Por más que buscaba, sólo encontraba lenguas bífidas serpenteando entre mis piernas, promesas efímeras y besos de plástico. Y un buen dia, en que una gripe me aplastó contra el colchón de mi cama como un boxeador abatido en la esquina del ring, un día terrible en que me encontraba tan mal que las energías me impedían seguir buscando... ese día que dejé de buscar, encontré. Hallé sin quererlo, sin ansiarlo ni imaginarlo, la voz más aterciopelada, diáfana y auténtica del corazón. Era la piel de mis entrañas que se había evaporado y se había fundido con las de otra persona. Y ahí lo tenía, lejos geográficamente pero tan cerca en mi corazón que curó con un soplido y un suspiro todo el mal que me devoraba. Claro que existe lo que buscas. Yo lo he encontrado por accidente, casi por serendipity. Y desde entonces nunca más he vuelto a padecer vacíos interiores, ni soledad alguna, ni extraños pensamientos. Y casi había olvidado lo que se sentía hasta que te he conocido a ti esta noche. Tú has sido un espejo de mi interior de hace años. Por eso mismo he sentido la necesidad de hablarte de mi y de lo que tu alma refleja en el albor de la noche. Para que te sientas un poquito menos solo.

Aïssa López
Sevilla, 25 de Julio de 2005

El Nuevo Homo

El ser humano está constituido sobre una base operativa primordialmente emocional. Desde antaño los pilares de la materia gris emergían del hemisferio derecho del cerebro, área que cosecha las percepciones extrasensoriales, los estímulos oníricos, la creatividad, los sentimientos, la sensibilidad artística y el instinto subjetivo, entre muchos otros. Existen teorías revolucionarias acerca de la utilización de recursos del underground cerebral derecho en épocas muy primitivas, como puede ser la comunicación telepática en forma bidireccional (entre dos individuos del mismo grupo) e incluso la creencia de un estado etéreo de sincronía emocional generalizada a nivel de todos los miembros de la tribu. Ante la inexistencia de un lenguaje desarrollado de tipo alguno, ni oral ni mucho menos escrito, los miembros de dicha tribu pudieron haber forzado la supuesta capacidad emisora del cerebro para transmitir sensaciones en estado bruto, y viceversa, para recibir dicha información, en forma de bastos impulsos. Esta hipotética, primitiva pero fantástica forma de transmisión debía mantener unido al poblado en todo momento.
Con el tiempo y partiendo de la base de que estas teorías pudieran ser ciertas, ese poder comunicacional comenzaría a desplazarse a un segundo plano a medida que el cerebro evolucionaba y la inteligencia emergida del hemisferio izquierdo impulsaba la ejecución de todo tipo de inventos. Entre ellos, la forma de un lenguaje basado en signos, interpretable, objetivo y transcendental mediante un medio escrito. La tecnología comenzó a abrirse camino y la combinación de muchos factores a muy distintos niveles, fue modificando la conducta del ser humano, haciéndolo evolucionar, ejercitando cada vez más ciertas propiedades de la mente y oxidando otras por su olvido.
Inconscientemente, la trayectoria del ser humano a lo largo de la historia, y muy especialmente en los últimos cién años, nos muestra el afán imparable por "conectar" a los seres, acortando distancias, transmitiendo señales eléctricas, inventando todo tipo de herramientas electrónicas e interfaces digitales para alcanzar el gran sueño de la humanidad: la globalización, la llamada Sociedad de la Información.
Lo que otrora pudo haber sido una sociedad primitiva donde las mentes se conectaban por la energía vital que emanaba de cada una de ellas, y la red de conexiones provocada por consiguiente era de ámbito sentimental, ahora se está alcanzando, por medio de la ciencia, un nivel de simbiosis multicultural, multiracial, donde la información es lo verdaderamente valioso, consiguiendo elevarla hasta un estrato universalmente accesible, más allá de las fronteras geográficas, ideológicas o políticas.
La tecnología ayuda al hombre a recuperar aquello que al principio de la Historia le perteneció por las puras propiedades de su naturaleza y que su propio intelecto en su apabullante evolución se encargó de destruir. La tecnología también impulsa aún más allá al individuo que, en la espiral digital que lo absorbe y lo catapulta, pierde su propia identidad para convertirse en una secuencia de dígitos binarios adherida al Todo Digital, también denominado Aldea Global o Isla Común. Esta conversión de la realidad a lo virtual, del sentimiento puro al byte almacenado, del misticismo a la exactitud de la ciencia, impuesta como dinámica derivante de la revolución que nos acontece, eleva al ser humano a otro estadío del estar y del sentir, a otra forma de comprender el mundo, la cultura y la comunicación.
La transformación que está experimentando la sociedad actual es tan intensa y abarca tantos aspectos de la vida cotidiana y la manera de integrarse con el mundo, que podemos hablar de un paso evolutivo a denominar muy justamente como Homo Digitalis.
Las facilidades de uso de este nuevo nivel vital electrónico son al mismo tiempo ventaja y trampa mortal. El individuo, que ha dejado de ser tal, es ahora una fracción de la Gran Red, y todo en él, su memoria, su vida, su intimidad, su sexo y su trabajo están abiertos y conectados al mundo. La velocidad de acceso a la información flotante y perenne, junto con la ingente cantidad de datos acumulados de practicamente cualquier temática o asunto concreto, estimula la inquietud de la comunidad digital y multiplica las aportaciones de datos. La obsesión consiste en manipular datos, traspasándolos gratuitamente, vendiéndolos, comprándolos, robándolos o incluso secuestrándolos. Lo meramente tangible está desapareciendo y todo aquello que nos produce placer, constituye parte de nuestro trabajo o interviene en el ocio, nos llega de forma invisible, lo procesamos con gran rapidez y lo consumimos casi fugazmente para volver a captar más datos.
La integración que día a día sufre nuestra vida con el medio digital está afectando a la conducta emocional del ser humano. El homo digitalis es cada vez más eficaz en la manipulación de los datos, la obtención de los mismos le produce paulatinamente un síndrome de ansiedad y gula informativa. Todo lo que antaño, de forma natural, originaba un preámbulo a la tarea final del hombre, ahora se entrega de forma instantánea y fácil. El misterio de las miradas insinuantes, la magia de las caricias introductorias previas al acto sexual, el juego del coqueteo adolescente, la tierna apertura a la pubertad y, en conclusión todos aquellos enigmas de la vida que poco a poco van siendo descubiertos y experimentados, son destruidos por el homo digitalis.
Todo lo que el homo digitalis desea lo puede obtener en la Sociedad de la Información. Todo es facilmente accesible. El conocimiento de cualquier materia llega instantánemanete. Si desea una experiencia sexual, sólo debe apretar un botón y localizar en el directorio a la persona deseada, y plasmar el impulso en cuestión de minutos. Porque el exceso de posibilidades y de tecnología de uso doméstico destruyen toda fantasía. La exposición de ofertas es tan desmesurada que clausura los sueños. El homo digitalis no necesita imaginar o fantasear porque todo cuanto desea puede tenerlo al segundo. Y esa gestión de petición/obtención repetitiva condiciona la psique de la persona. La vuelve impaciente, exigente, caprichosa. El homo digitalis destruye el valor intrínseco del objetivo y del objeto al suprimir los obstáculos que median entre ambos. La facilidad para obtener cualquier cosa origina una dinámica de reciclaje, de obsolescencia, de compra/venta, de basura digital...
El homo digitalis seguirá siendo modelado por la propia tecnología y perderá poco a poco las cualidades por las que siempre se denominó humano. Este híbrido entre máquina/hombre reemplazará al hombre original y su naturaleza se adecuará a las directrices de la nueva base operativa y primordial: la Sociedad de la Información, el Medio Digital, la Tecnología.
¿Y sus emociones? ¿Y los misterios que siempre carcomieron las mentes de los más jóvenes? ¿Y las fantasías? ¿Y los sueños? Yo, personalmente, prefiero seguir siendo un homo de los de antes, y disfrutar de aquello que me diferencia del resto de los seres vivientes, que son las emociones, la magia del amor y de una puesta de sol, y, por encima de todo, saborear el deseo de algo que sueño y lucho por conseguir.

Aïssa López.
Sevilla, 12 de Julio de 2005

Streaming Lives!

La informática tal y como la conocemos hoy está en su edad más madura y por cerrando una generación que comenzó en los años 80 y que ha ido alcanzando un nivel de perfeccionamiento absoluto en un crecimiento exponencial vertiginoso.
La nueva generación a la que la vieja deja paso, y que en estos momentos está en sus inicios, en fase experimental, en la Edad de Piedra de la nueva Era, expandirá los conceptos informáticos a todos los ámbitos de la vida cotidiana. El mundo que nos rodea se fusionará en una plataforma común que albergará todas las necesidades de trabajo y personales de ocio. Será entonces el auténtico boom de eso que ahora nos venden como la vida digital y que en la actualidad no es más que un conglomerado de aparatos personales, programas, ordenadores y sistemas totalmente distintos e incompatibles. Este caos derivará en un punto equidistante a todas las propuestas y donde la fórmula consista en la compatibilidad.

Para llevar a cabo un proyeto de tal envergadura, es necesario implantar un protocolo que alterará la concepción de Ordenador Personal que se divulga hoy en día. Cualquier elemento electrónico del hogar podrá considerarse un ordenador personal, por lo que cualquiera de esos dispositivos tendrán una parte inherente a la gran red y una función complementaria de ordenador personal. Cualquier electrodoméstico estará equipado con una interfaz que hará posible la comunicación entre los demás equipos, siempre sustentado todo por la red Internet. Es por tanto fundamental el desarrollo e implantación de ese lenguaje universal que unificará todos los demás lenguajes y todas las peticiones y necesidades.

Llegados a este punto, la clave en el futuro del uso de lo que hoy se conoce como ordenador personal no será el sistema operativo, sino el Navegador de Internet, es decir, el Browser, que abandonará este término para expandirse más allá y convertirse en la completa interfaz de arranque y trabajo del usuario. Las máquinas iniciarán la sesión directamente dentro de una sofisticada interfaz operativa que inmediatamente hará uso de Internet y de los programas a los que estemos subscritos para funcionar. Todo lo que ahora se establece a nivel local se extrapolará a un estrato superior y se gestionará vía Internet. Nuestros periféricos, la configuración del sistema y la personalización de la interfaz serán reconocidos y programados desde un sistema de lado servidor. Esto nos asegurará estar usando en todo momento la última versión de cada software, en una permanente actualización automática. Un teléfono móvil se equipará con una interfaz para acceder a nuestra sesión en el sistema operativo basado en Internet, al igual que lo haría un frigorífico o el centro multimedia instalado en el salón. El sistema operativo basado en Internet será omnipresente y accesible por todos los formatos electrónicos. La información estará online en todo momento y disponible para el usuario desde cualquier lugar en la forma, operatividad y apariencia que el usuario tenga preestablecidos. En ese instante, pues, desaparecerá el medio actual que requiere tener instalado fisicamente un S.O. o un programa en el disco duro de nuestro equipo. Nuestros datos estarán "On the Air" y protegidos de la forma más segura posible.

Conseguir una plataforma de absoluta compatibilidad para todos los dispositivos electrónicos y programas de control significaría paliar con graves problemas que se han forjado actualmente, entre ellos, la piratería.

La piratería en todas sus facetas aplicativas es un grave problema para la industria en general. En el sector del software, la implantación de esta plataforma eliminaría teóricamente la posibilidad de crackear desde el momento en que el software deje de ser tangible, deje de distribuirse mediante paquetes instalables o en cajas con Cds. Desde el momento en que los sitemas operativos complejos basados en Internet estén maduros y sean 100% útiles, el software dejará de distribuirse y la única manera de usarlo será vía Internet mediante subscripciones. El concepto de subscripción será, por tanto, la base económica de los empresas junto con los ingresos obtenidos mediante la publicidad, que irán en incremento y se regularán mediante programas de adhesión y publicación de anuncios cada vez más rápidos, efectivos y completos. La piratería queda anulada puesto que desde ese momento no es necesario ejecutar un programa instalador que grabe archivos y drivers en nuestro disco duro y que posteriormente habría que crakear para usar infinita y gratuitamente. Con sólo subscribirnos, instantáneamente comenzaremos a usar ese software vía online, y los podremos seguir usando mientras paguemos las cuotas. Y al igual que cualquier programa de uso personal, también la música será accesible mediante subscripciones y los videos o peliculas. Nunca "poseeremos" nada, solamente existirá el concepto de alquiler. Por lo tanto, no se puede piratear aquello que no se puede poseer.

Llorar en el espejo

Y en el espejo clavo la mirada, de pupilas vidriosas y recuerdo de tiempos pasados, para mirar atraves del cristal, cual ventana del tiempo, hacia los paisajes que se levantan toscos y escrupulosos entre las calles montañosas y la inmundicia. Unos niños juegan en las aceras mugrientas, una rata enorme recorre la tapia, unas zapatillas viejas de deporte cuelgan de un cable electrico. Lloro porque me da miedo la crueldad del ser humano. Lloro por las vidas que se van pero también por aquellas que han sido truncadas por las enfermedades y los accidentes. Lloro por ver esos niños sin familia revolcarse en las aceras negras. Lloro por ver al vagabundo descalzo. Lloro por las guerras que fueron y las que serán. Lloro porque el paisaje electrico que se dibuja tras la ventana devora arboles, flores y habitats. Lloro porque veo esa barbarie reflejada en mis pupilas, en mi ser. Lloro porque soy una célula de todo ese mundo de corrupciones, mentiras, odio y muerte que crece más allá del espejo. Lloro porque este buque está condenado a la deriva. A la deriva de la humanidad. Lloro en el espejo. En mis ojos. En mis adentros: para la memoria que ha sido. Y brindo con mis lágrimas por la memoria que será. Salut!