24 abril 2007

La Noche que Acabo

Para R.

Me obligan a decirte que lo nuestro no puede funcionar, porque el amor que siento por ti no es suficiente para mantener el calor durante toda la noche, llena de reflejos, de susurros y pequeños arrebatos, envueltos en las toallas húmedas me muerdes el lóbulo de la oreja derecha y me pides que te quiera mucho, te miro a los ojos y rememoro en el candil de ilusiones que luce como un espectro de recuerdos en tus pupilas la atmosfera de otros momentos, rememoro el silencio roto en un autobús mientras todos duermen y roncan y pasan una pelicula de comedia en los viejos televisores colgados sobre los asientos, y miro atraves de los cristales de las ventanas y veo lo mismo que en el acantilado desbordado de tus ojos: la negritud tendida hasta el infinito, las sombras de mil formas distintas y el dolor egendrándose, y mientras escucho con el chasquido eléctrico de los altavoces deteriorados del autobús los diálogos de esa estúpida comedia romántica, te digo adiós, una lágrima trepa como una hormiga cargada de espinas hasta la cuenca de mis ojos, empuja, embiste y me desarma ante la puñalada de pánico que me produce decirte lo que me obligan a decir, que lo nuestro no puede funcionar, porque el amor que siento por ti no es bastante para mantenerte con vida, amor mio, yaces gélido y destrozado a mi lado, tu cabeza rota, la sangre en el rostro, el autobús se desbocó en la curva, rodó y cayó, amor mío, por ese acantilado lleno de muertes, hasta llevarte lejos de mi... no te olvidaré, no sé cómo decirte adiós, pero no te olvidaré... me obligan a decirte que ya no estaremos nunca más juntos, pero yo no puedo comprenderlo, por qué tiene que ser así... sin embargo miro por las ventanas de cristales rotos y sólo veo oscuridad... no hay ninguna posibilidad y esa lágrima lucha por trotar hasta mis mejillas, qué fria es esta noche que parece no tener fin, amor mio, fría como tus manos, que abarco con las mias en un duelo desesperado por mentenerte con vida, por mantenerte cerca de mi... y a lo lejos, rompiendo el negro abismal del paisaje, unas luces: rojas, verdes... una sirena... la gente azota el autobús, los bomberos lo enderezan y un equipo de médicos te alcanzan, amor mio, te cubren el rostro con una sábana negra y en mis ojos, retenida, la lágrima maldita que intenta romper mi corazón, cuando uno de los médicos me mira compasivo y me dice que no hay nada que hacer, que te has ido, y que por más que yo quiera, no puedo darte más calor... vivir sin tenerte, soñar recordándote y, en el fondo, añorar tus besos y tu voz que me susurra, firme y poderosa, que jamás me dejarás sola... porque me amas.


Aïssa López
Sevilla, 24 de abril de 2007

03 abril 2007

La Trampa de la Araña

El dinero no otorga la felicidad, ni siquiera te aproxima a ella, ni te ayuda a conseguirla. El dinero tan sólo te permite flipar. Con dinero puedes hacer cosas verdaderamente alucinantes. Puedes soñar, y en tus sueños, ir allá donde desees. Y por ello mismo, el dinero, en el trampantojo de su escenificación, te hace creer que existe un mundo por encima de todo lo demás, y te hace volar. Puedes descubrir el gran circo de lentejuelas, admirarlo e influir en él. Con dinero puedes balancear vidas ajenas, y derretir glaciales. Pero todo lo que te ofrece es, como el dinero mismo, material. El dinero no tiene unos pilares profundos, ni arraigados, ni te brinda la oportunidad de ir más allá de la colina verde que se extiende brillante y perfecta ante tus ojos alucinados. Todo lo que el dinero te puede proporcionar, aun en su grandeza, no es intrínseco ni definitivo en tu vida sino banal, temporal, pasajero, un espetáculo de efectos especiales y de hipocresía enterrada.
No, no nos engañemos: el dinero es una araña de patas gruesas y peludas y mandibulas insaciables que te envuele en seda para devorarte.


Aïssa López
Sevilla, 3 de Abril de 2007