31 julio 2007

Anatomicos002

para J.M.G.



La imagen de unas escaleras largas,
cien peldaños y una barandilla que separa
la vida de la muerte...
resbalas, caes, intentas gritar y ascender
y tus ojos transmiten el dolor que te enmudece;
un rayo de color de rosa te cruza la garganta
y un golpe en el abdomen
te lanza hasta los sótanos de tu memoria...
el tiempo se detiene, te echa un pulso,
te mira fijamente a los ojos desafiándote,
y te dice: no vas a morir ahora.
Todavía no.
Y entonces emerges, tras 9 horas de paseo por el
infierno, donde conducías enloquecido
un vehículo al borde de un acantilado,
mientras peces de colores flotaban superfluos
en la atmósfera enrarecida
frente a una catedral de conchas construida,
y del lado del acompañante,
sólo siluetas y sombras transparentes,
batas blancas y gente corriendo por los pasillos...
Es Anatomicos002, la imagen grabada
en el departamento de anatomía,
un microscopio, una sonrisa carismática,
y el peso de tu mirada:
unos enormes y profundos ojos
capaces de detener el tiempo.
Pero no pudiste luchar...
...o te dejaste ganar.




Aïssa López
Sevilla, 31 de Julio de 2007

27 julio 2007

Cuando despiertas

La vida pasa, pasa, pasa...

Hay un letargo imprescindible en la vida de todos nosotros,
es ese espacio único y personal en el que creemos, durante unos dias,
que nosotros somos el único protagonista de esa historia que se está tejiendo apresuradamente,
en que nos sentimos especiales y parece que el tiempo
se ha detenido para que disfrutemos más de nuestras intensas emociones.
Es como un sueño que dura todas las horas y todos los dias,
es una interrupción de tu modo cotidiano, una pausa.
Pero el tiempo pasa, transcurre, madura...
Y un dia, sin esperarlo, sentimos el golpe en la boca del estómago,
es el fallo del jurado, la declaración de intenciones de la propia vida,
y entonces, como un martillo de acero golpeándote la garganta,
vamos despertando de ese letargo
y con cada latido, descubrimos que lo que era dulce y esencial,
en realidad se torna oscuro y dañino.
Sentimos cómo el martillo machaca nuestras entrañas,
cómo la luz del alba no trae claridad a nuestra mente,
sino simplemente la verdad, una verdad llena de sombras,
de mitos corroidos y figuras efímeras.
Cuando despiertas descubres que nada de lo que sentiste fue real,
y que había belleza y propósitos porque tú te empeñaste en verlos.
Cuando despiertas, sientes la angustia del desengaño y tienes,
por unos segundos, el impulso de asomarte otra vez al borde,
de otear las profundidades de ese abismo que te ha escupido.
Pero ya no queda nada de lo que habías experimentado.
Sólo ves oscuridad, una densa e imperturbable oscuridad
plagada de silencios.
Ese es el letargo del Amor.



Aïssa López
Sevilla, 27 de Julio de 2007